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07 June, 2010

Un beso de madera olor a rosa

"A la música, porque es lo que fui, lo que me permite ser y lo que seguramente seré. En el idioma único de mi pensamiento donde la libertad se escribe en mi tacto. No es sacrificio dedicar mi vida a algo tan espiritual como la música, ni opresión dejar de lado cualquier deseo carnal."
APRE

No hay nada más que sus labios sobre los míos,
entre los jirones de mi anhelo en sus dedos
con las cuerdas de su voz sofocadas en mi pecho
como un beso de madera olor a rosa.

Somos los dos un encuentro por debajo de la piel,
en la armonía que traspasa el adoquín de la carne.
No volveré a soltarte, no mi Violín de viento,
cerraré mis ojos al sueño de amor para auscultar la leyenda eterna de tu diapasón.


Música, bésame y hazme tuya de por vida,
hasta el último arpegio de mi aliento te dedico,
donde sintonizan los sentidos de mi alma sin palabras,
en el sonido del silencio de nuestros labios.
Clavel Rojo
Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.

28 May, 2010

Cursiva La brisa nocturna de un sueño




Qué noche tan silente es esta que llueve sobre mis hombros,
con el cielo enmascarado de brillantina
en un baile nocturno con el viento
que oscurece en vigilia de mis sueños.

¿Cuál instrumento acompañará la tranquilidad
de las libélulas que danzan con el cosmos?

Hay una melodía en la atmósfera; no es de reyes o princesas,
es solo de ilusión con un vuelo de seda
que gira sobre el talón de mis retinas.

No, Tiempo, no enciendas la luz que aún deseo admirar,
aunque sea desde el cristal de la realidad,
la silueta de los espíritus anochecidos que arrullan mi calma
con el instrumento natural, naciente del paladar del universo.

Quizá, algún día las constelaciones me inviten a bailar junto a ellas,
entre la brisa de porcelana que deja la cadencia de sus movimientos.
Sonrío, con la paz bordada en mis labios, algún día -repito-
seré música en el céfiro del infinito.

Clavel Rojo
Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.

11 April, 2010

Metamorfosis

Hoyo negro "El cabello de Medusa"

Créditos; X-ray: NASA/CXC/Univ. of Iowa/P. Kaaret et al. Optical: NASA/ESA/STScI/Univ. of Iowa/P. Kaaret et al.

Hace poco una persona me preguntó…
“Dime, ¿qué es lo que sientes cuándo interpretas, cuándo compones?”
Sonreí...
-“La inspiración comienza al cerrar la mirada, que en metamorfosis compone los sentidos en amalgama con el instrumento.” APRE



Es describir al cielo con una luz para dibujarlo
al momento que se le da forma al tiempo entre los dedos,
donde corretean bemoles con escarcha de emociones
cual naturaleza que comparte los secretos mudos del espacio.

Ocurre que uno deja de ser humano, se vuelve vacío
como el abismo de un hoyo negro rebosante de inspiración,
aunsente del mundo, vida o propósito, solo en compañía de música
que sugiere sobre la tierra, océanos en forma de medulas.

Aquel campanario que repica en el cuerpo reclama pasión,
fulminando toda materia hasta la relatividad de un sueño
de aquel universo paralelo de estrellas en forma de medusa
donde se almacenan los sentidos, que en orgasmo vuelan en libertad.

Clavel Rojo
Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.

13 March, 2010

"De mi infancia es un mundo de lágrima que se convierte en sonrisa en el más leve roce de un recuerdo." APRE

Niñas de mármol y hálito

Había una vez un par de niñas,
una era de mármol y la otra de halito,
jugaban a ser bellas, haciendo del mundo una estrella,
con ojos de cornamenta, pícaras fresas.


Ellas se disfrazaban de cometas,
con vestidos de nube y zapatillas de agua,
bailando sobre arcoíris de seda,
con música sabor a azúcar.


Corrían por colinas de Muffins,
entre drupas y avellanas,
donde las orugas de chocolate sobre las flores descansan,
hasta convertirse en mariposas de jalea sabor frambuesa.


Nessie divertía peinando sus cabellos,
unos eran de plata y los otros de madera,
que al trenzarlos formaban inviernos
que sujetaba con libélulas de menta.


Qué pequeñas e indefensas,
era su universo tan amplio como su ingenio,
haciendo del sol una pelota
y de la luna un foco en noches oscuras.


¿Cómo extraña el recuerdo a esas niñas?
Hoy que sobre sílice se esculpió una "escultura en movimiento"
y del viento se auscultó una melodía.

Clavel Rojo
Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.




08 March, 2010

Una antigua vereda


Caminando envuelta en gabardina y bufanda, con la neblina dificultando mi paso. Me preguntaba por el mañana reflejado en el sonido de mis pies sobre aquella vieja vereda que nace en mi casa, a las afueras de la ciudad. Uno de mis espacios favoritos por no ser transitada, la mayoría apetece el automóvil para trasladarse, yo prefiero caminar.


Tal vez fue utilizada para ser andada en secreto por reyes o quizá fue el camino en tierra de piratas, escenarios de lisonja entre príncipes y damas de la corte, o bien el trayecto de una campesina al río. Cuántas historias podría contarme, cuántas vivencias.


En ella hay tanta tranquilidad que se puede escuchar respirar a los árboles y a los búhos por la noche hacerle el amor a las estrellas.
A veces si se observa con cuidado uno verá duendes contando galeones de oro, para después enterrarlos bajo los árboles, mientras que las hadas se diseñan vestidos de hojas secas de otoño. Se bañan con el sol y de la lluvia hacen té.
Algunas de ellas se casan con centauros, que con sus largas cabelleras hacen madejas de hilo para tejer escaleras a las nubes y crear de su amor un nido.


Sonrío, en ocasiones toco el violín para ellos, me escuchan y a veces bailan. Los árboles entonan canciones que hacen eco a mis notas. Parece tan mágico que quisiera mudarme y vivir ahí por siempre. Mi pensión sería la música. Viviría de fantasías donde mi alimento fuese la solfa de mis dedos.


Extiendo mis brazos para ser abrazada por la humedad que se perfuma a pino. Cómo me gusta. En esos momentos puedo deslindarme de cualquier cosa, incluso de mis propios recuerdos. No porque dejen de ser importantes, es solo la magia de aquel lugar, solo eso.

A mis pasos la imaginación se esfuma, llegando a los brazos de mi fraterno “Royal Lyceum” ya en la ciudad, quien me acomoda en mi realidad desde mi deslice por Cambridge.

- ¿Dónde has estado Alejandra?- me pregunta el dueño de la batuta quien aclimata a mi diapasón, señalando mi sitio a su lado en la orquesta.

Aquella noche el auditorio entre percusiones se perfumaba a pino con humedad de bosque en los oídos, cuando en los asientos brotaban helechos con olor a verde que susurraban secretos mientras que, los receptores, tejían con sus sentidos escaleras hacia las nubes.


Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.