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13 November, 2011





La quimera de un beso


Hoy en el ático encontré un viejo disco LP …



Dónde está el candor dulce de su nombre
en esta noche que galopa un fresco aroma,
esencia de la corteza de su piel de roble,
que es beso,
beso en mis labios nunca besados.

Cuál es la fusión de dos fragancias,
en ese licor agridulce de un beso dibujado,
alcohol que absorbe la índole de mi rubor,
cuando abraza el vapor de mi perfume entre sus manos.

Pío es soñar por el efluvio secreto de sus labios,
lenitivo cáncer que carcome mi olfato,
engañoso olfato que encandila mis besos,
besos etéreos en el fino vaho de su aliento.

Clavel Rojo
Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.

17 April, 2010

Bella Fantasía
...¿Os cuento un secreto?

Siempre me ha gustado perderme, imaginar que desaparezco difuminada en el tiempo envuelta en diversos colores que logran camuflarse con el entorno. Donde mi aroma se dispersa en el verde de los árboles, con la piel diluida en la humedad de la tierra.

Fue una ocasión que adentrada en mis ensoñaciones caminé más allá de lo permitido por mis padres, donde la casa se une al bosque salvaje que la rodea con aire amenazante. Ahí la encontré, una antigua estatua. Siempre me pareció angelical. Ella me contaba que solía ser una mariposa que brillaba con el sol y cantaba en la primavera. Como una flor en el ocaso de la noche con la luna reflejada en su rostro cincelado de blanco.

Gustaba de bañarse en el lago junto a las aves quienes mojaban sus delicadas alas, para con ellas darle de beber a Geb, Dios de la tierra, quien agradecido inundaba los días con la fresca fragancia del amor cuando en intimidad se unía a Nut, Diosa del cielo. En consecuencia de tan estrecha fusión, de ellos germinaba la vida como la conocemos.

Cuántos pensamientos me embargaban cuando miraba aquella estatua que en alguna antigua primavera fue mariposa y que ahora, era solo una bella fantasía de los pensamientos de una niña, que ya se dice mujer.

Por mucho tiempo logré escabullirme para admirarla y platicarle en silencio de mis días sin huella, que grabados quedaban en ella como la historia que sus ojos sin pupila solían contarme.
Sin embargo, fueron las horas de los días que al convertirse en años la eclipsaron de mis pasos.
Hoy solo en mi memoria permanece, aunque en ocasiones me parece verla asomar entre los helechos. Me recuerda que en un futuro mi hogar quedará olvidado entre la natura como ella, junto a todas nuestras cosas y recuerdos como el secreto eterno de una vida que la tierra celosa se guardaría.

Clavel Rojo
Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados
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Nella Fantasía by Chloë Agnew
Nut; Diosa del antiguo Egipto del cielo
Geb; Dios del antiguo Egipto de la tierra

08 March, 2010

Una antigua vereda


Caminando envuelta en gabardina y bufanda, con la neblina dificultando mi paso. Me preguntaba por el mañana reflejado en el sonido de mis pies sobre aquella vieja vereda que nace en mi casa, a las afueras de la ciudad. Uno de mis espacios favoritos por no ser transitada, la mayoría apetece el automóvil para trasladarse, yo prefiero caminar.


Tal vez fue utilizada para ser andada en secreto por reyes o quizá fue el camino en tierra de piratas, escenarios de lisonja entre príncipes y damas de la corte, o bien el trayecto de una campesina al río. Cuántas historias podría contarme, cuántas vivencias.


En ella hay tanta tranquilidad que se puede escuchar respirar a los árboles y a los búhos por la noche hacerle el amor a las estrellas.
A veces si se observa con cuidado uno verá duendes contando galeones de oro, para después enterrarlos bajo los árboles, mientras que las hadas se diseñan vestidos de hojas secas de otoño. Se bañan con el sol y de la lluvia hacen té.
Algunas de ellas se casan con centauros, que con sus largas cabelleras hacen madejas de hilo para tejer escaleras a las nubes y crear de su amor un nido.


Sonrío, en ocasiones toco el violín para ellos, me escuchan y a veces bailan. Los árboles entonan canciones que hacen eco a mis notas. Parece tan mágico que quisiera mudarme y vivir ahí por siempre. Mi pensión sería la música. Viviría de fantasías donde mi alimento fuese la solfa de mis dedos.


Extiendo mis brazos para ser abrazada por la humedad que se perfuma a pino. Cómo me gusta. En esos momentos puedo deslindarme de cualquier cosa, incluso de mis propios recuerdos. No porque dejen de ser importantes, es solo la magia de aquel lugar, solo eso.

A mis pasos la imaginación se esfuma, llegando a los brazos de mi fraterno “Royal Lyceum” ya en la ciudad, quien me acomoda en mi realidad desde mi deslice por Cambridge.

- ¿Dónde has estado Alejandra?- me pregunta el dueño de la batuta quien aclimata a mi diapasón, señalando mi sitio a su lado en la orquesta.

Aquella noche el auditorio entre percusiones se perfumaba a pino con humedad de bosque en los oídos, cuando en los asientos brotaban helechos con olor a verde que susurraban secretos mientras que, los receptores, tejían con sus sentidos escaleras hacia las nubes.


Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.