¿Un obsequio… para mi?- pregunté sonriente, creía que al dejar de ser infante no volvería yo a tener un presente nuevamente.
Mi sonrisa se convirtió en un capullo de flor cuando al rozar mis labios con el cielo, sumergidos en lagunas de un denso algodón, abrazaron un obsequio titilante entre los brazos.
Al abrirlo… se escuchó un sutil compás dibujado con sombras, son árboles seducidos por una Volta exigua, con aroma a viñedo fermentado y sabor a extinto suspiro.
Es un beso,una reliquia que aún respira este amanecer, porque aún eres vida en este año que comienza en un día sin lluvia que ha nacido de un cálido obsequio.
Clavel Rojo Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.
A todos os deseo un bello inicio de año, una oportunidad para ser mejores, para ser nosotros en plenitud... un año más, un cálido obsequio.
Un fuerte abrazo y clavel a todos vosotros.
22 October, 2010
Un clavel para octubre
Sabe usted, por qué me denomino como un clavel rojo?
Cuántos significados pueden mantener las flores en el mundo. Quizá podría ser una mirada en un amanecer enamorado o la sinfonía de dos amantes que al tocarse sean el bravío de los mares. Yo no podría explicarle cual es la razón de que las flores abran su vida al mundo en primavera y mueran en otoño siempre frágiles, estáticas y bellas.
Reconozco que por mucho tiempo las desprecie, siempre me parecieron vanidosas y débiles. Los enamorados se reconocían entre ellas, plenos de admiración, cuando al recibir un racimo eran glorificados en sentimiento, pero en el trasfondo de ese mensaje de amor yo lo relacionaba con un ciclo de vida, me negaba a pensar que los sentimientos pudieran nacer y morir, débiles ante el tiempo, la rutina, los malos entendidos, las distancias, vulnerables a las variantes de su existencia.
Envuelta en mis pensamientos sobre la vida pasé 22 años, 8008 días, 192192 horas, 115315520 minutos con sus 691981200 segundos aprendiéndola en el jardín de mi hogar, sonrío llevo mi cuenta anual. En todos esos momentos, en aquellos suspiros olvidados las observé nacer y morir, una detrás de otra. Me preguntaba por qué su belleza se marchitaba y se volvían nada para los ojos que las miraban. Dónde quedaba su admirada belleza con el lucero que las enaltece para representar los sentimientos humanos al ser obsequiadas… Qué crueles hemos sido con ellas, porque se les aprecia cuando son bellas y se les ignora cuando envejecen.
Sin embargo mi padre me enseñó a no apreciar la superficialidad de la vida, a no ver solo el rojo intenso de la rosa y el clavel, la blanca y delicada orquídea o el fugaz suspiro de los tulipanes… Todo permanece en nuestros corazones si sabemos darle su lugar en nuestro mundo con amor, respeto y fe. Como un misterio envuelto en un capullo que desborda luz a quien la admira. Donde la flor no es la culminación de un comienzo sino un detalle que conforma un todo. Las flores mueren para dar lugar a sus hermanas, renacen en ellas, es la forma en que la naturaleza nos sonríe en primavera.
Es por ello que al marchitase la vida de mi padre en un otoño de octubre, mis hermanos y yo decidimos enterrar su “flor marchita” donde pudiera ser vida por siempre que nuestro amor, respeto y fidelidad permanezca unida. Es ahí, al cobijo de un árbol, que nació de sus manos un 10 de diciembre hace 22 años, que duerme en los brazos de la eternidad. Y yo, en mi deseo de llevarlo conmigo a todas partes, tomé un poco de la tierra que forma parte de él. Y en ella sembré un pequeño clavel rojo, su flor predilecta, quien siempre florece para recordarme que aun permanece con vida en el detalle de una flor.
Clavel Rojo Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.
22 August, 2010
Da me non venni
Hoy la escuché decir que solo hasta que muera podrá comprobar el verdadero significado de la libertad. Quedé en silencio al comprender su sentimiento.
A mi madre, por su deseo de libertad. A mi padre por su paz eterna.
Bajo muros viejos respira el osario apegado a la paz que suspira mármol oxidado, con sus alas cansinas de ausencia entre las rosas blancas sobre la niebla.
Bailan mis pensamientos al compás de los muertos. Ahí donde son olvidados junto a ángeles de piedra en el silencio de la humedad de un enigma, con el epitafio delineado por el viento.
Hay tranquilidad en aquel exinanido sueño, como la brisa nocturna de un invierno sin más orquesta que el descanso eterno. salvo de dolor, ahora escarchado de oliva.
No he venido al cementerio, es solo el sentido exangüe de un delirio.
Clavel Rojo
Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.
Quiero agradecer a todos vosotros por vuestras palabras. Yo disculpo por no leer y vomentar vuestra poesía. Lo haré por tiempos, lamento no poder dedicaros mayor tiempo.
APRE
28 May, 2010
La brisa nocturna de un sueño
Qué noche tan silente es esta que llueve sobre mis hombros, con el cielo enmascarado de brillantina en un baile nocturno con el viento
que oscurece en vigilia de mis sueños.
¿Cuál instrumento acompañará la tranquilidad de las libélulas que danzan con el cosmos?
Hay una melodía en la atmósfera; no es de reyes o princesas, es solo de ilusión con un vuelo de seda que gira sobre el talón de mis retinas.
No, Tiempo, no enciendas la luz que aún deseo admirar, aunque sea desde el cristal de la realidad, la silueta de los espíritus anochecidos que arrullan mi calma con el instrumento natural, naciente del paladar del universo.
Quizá, algún día las constelaciones me inviten a bailar junto a ellas, entre la brisa de porcelana que deja la cadencia de sus movimientos. Sonrío, con la paz bordada en mis labios, algún día -repito- seré música en el céfiro del infinito.
Clavel Rojo
Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.