
In the promise of another tomorrow, I'll never let you part, 'cus you’re always in my heart” M. J.
A mi hermano en su aniversario de nacimiento
eriza mi sosiego como el granizo bajo los pies
amoratados por el impasible silencio,
que amordazan mis gélidos latidos.
Pero, con el primer suspiro de alborada
emerge la detallada silueta de su palabra,
una sombra de sol que apaga mi duelo
y enciende el brío que da vida a la calma.
Él, una péndola olvidada en el espacio,
la voz primera que abrazó a mi madre
y la fotografía de mi padre en heredad,
mi carne y sangre, un único horizonte.
Somos el día y la noche,
interpolados en una Pangea para dos,
inseparables como el río de la lluvia
y la Tierra lo es de la Luna.


