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18 April, 2010

El deseo de mi luna menguante

"El deseo intenso crea no sólo sus propias oportunidades sino además sus propios talentos." Eric Hoffer

A mi cello, fiel portador de mis secretos en madrugada


Déjame recostar sobre la balsa de tu cuerpo,
prometo mantener dispersos los acordes de mis labios
adormecidos en el asfixiante latido de tu luna menguante,
protegida entre tus brazos de plata y escarlata que embalsaman la pupila de mi piel.

Mira, que tan solo soy la sombra que se adhiere a la punta de tus alas
como la cera que cae sobre la madera de tu boca
en el infame deseo dibujado sobre el vaho de tu aliento
que con furia se adentra en la cavidad de mi entre pierna.

¿Acaso no es suficiente el deslice de un pensamiento para erizar el vello de la noche taciturna?

No respondas, mío, el deseo de unos dedos febriles a tu encuentro,
solo deja que ellos desplieguen en un susurro
la nuez cervical de tu espalda que mantiene erguido el pezón de mis senos
por la erupción continua del orgasmo de tus muslos sobre los míos.

Los dos somos el gemido de la madrugada
en el hendido y convexo de tus noches con mis días,
porque eres en instinto el deseo acuoso de mis yemas,
aunque solo en mi pensamiento vivas, y yo realmente no exista.

Clavel Rojo
Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.

28 March, 2010

Más allá...

"Memory is a funny thing. Recollections slip in and out around in time. Leave plenty of room to weave and backtrack to live them again… In my life I’ve found that memories of the spirit linger to sweeten the life.
Perphas my fondest memories are of my childhood days..."


Me gusta dormitar en el alfeizar de la ventana, mientras vuelo palomas de papel, quiero alcancen al sol para hacerle cosquillas y de su risa fluyan pequeñas chispas simulando fuegos artificiales.


Lo cierto es que en cada paloma dibujo mis sentidos con algún pequeño secreto que cuento al cielo “callando a mis ojos” en el despertar de aquel atardecer.

Puedo ver más allá en el silencio de mis ojos, aquel horizonte donde lo incomprensible es realidad. La brisa trae consigo el suave aroma a vainilla iluminando mis retinas con acuarelas. Siento como el tiempo retrocede y vuelvo a ser niña de nuevo. Mi respirar se vuelve ligero y mi sangre es fuerte.


A mi entorno colibríes mi cabello adornan con ramitas, mientras concentro en una partida de ajedrez desafiante con mi Piano, quien recita fábulas de vida.


Por las noches subo a los árboles para tratar de alcanzar a las nubes y guiñarle un ojo a las estrellas. Las ranas y los grillos como tenores y sopranos entonan canciones de cuna para que pueda dormir al tiempo que el Cello cobija mis ilusiones con una lágrima de azúcar y el Violín apaga las velas, en vigilia de mi sueño.

Al amanecer el viento a todos diluye como si fueran humo, deslizando una veta de fragancia inconfundible. Me señala el camino que llega a casa, al volver mi rostro veo a un hombre que camina junto al sol, no trae nada en sus manos, excepto una flor, un clavel rojo. Reconozco esa gabardina, ese andar pausado. Es mi papá.

Me levanto sin perder tiempo, solo visto mi bata y salgo a su encuentro. No importa que la mañana sea fresca y pueda hacerme daño, la emoción es grande, pura, vívida.

Corro para alcanzarle. Mi cabello desordenado vuela entre el tiempo mientras mis pies se hunden en la tierra de la vida. Ya veo vuestro rostro, estas sonriendo. Abrázame, enséñame a ver lo que tú ves, ser lo que tú eres en este mundo de acuarela.

Al abrir mis ojos destellan en ellos una cálida sensación, observo que aún entre mis manos queda una última paloma, con un beso de lágrima la dejo en libertad llevando consigo mi fantasía.

Clavel Rojo
Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.

29 November, 2009

Cello Concerto, 1st mvmt



A mi Cello

Mi peana excava en la reminiscencia de un fragmento,

donde los acordes labran aquella melodía
en compañía a vuestros instantes de agonía,
ocultando, mías, las lágrimas que resuenan en bemoles.


El Cello de negro vestía con la amargura latente,
de un exilio inevitable a mis afines.
Y es que, amigo mío, tocaros en el instante
es el reflejo de vuestra voz, mi mayor recuerdo.

Hogar lóbrego, donde inerte sobre la cama descansas
cual última nota que mi corazón alimenta
con el diapasón en lamento a vuestro entorno,
cuando el eco a mis oídos retumba.


Solo al amanecer en soledad oso tocaros,
siempre en esa esquina donde os arrincono,
en la espera de teneros de nuevo entre mis brazos,
y para vuestro Cello primer movimiento interpretaros
en la analogía de aquel triste lamento  de vuestra vida inspirada.


Clavel Rojo
© Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados