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22 November, 2010

Cautiverio



En agradecimiento por prestarme su piano en los últimos días.
Gracias a quienes acudían a escuchar por momentos al piano.
Cuánto tiempo ha sido mi cautiverio,
con los sentidos cegados en la demencia
entumidos por la nada avinagrada de mis días,
marchita entre mis sueños, muertos en silencio.

Soy muda, no dejo huellas a mi andar,
ensimismada en la tumefacción de tus yemas
cebadas por la ausencia, sin gracia o elocuencia,
con las palabras olvidadas en vuestras bocas.

Y aún así, hoy te observo perdido en el tiempo,
me esperas en el silencio de tu propio cautiverio,
eres mío al interpretar mis alientos sobre la piel;
mi albino y nocturno amor sensorial.

Hagamos el amor en una pieza musical,
permite desfogar mis apetitos ahogados
hoy renacidos en el afán de recordarte
con la pasión de un “Chopin enamorado”.

Clavel Rojo
Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.

25 May, 2010

Incompleta en el despabilo de los versos

“He leído millares de libros, visitado centenares de museos, he aprendido a tocar diferentes instrumentos .... de vagabundeo en vagabundeo a través de los continentes” Adrevon, Jean Pierre (Retorno a la Tierra)

...Y aún no os he encontrado.

Hay días como hoy en que recuerdo lo desconocido
como un verbo sin conjugación en la paráfrasis del viento
donde los segundos descansan y las manecillas se pierden
entre sonrisas colapsadas en el desfile de Louvre.

Soy como la nube que llora sin lágrimas,
inundando mares sin luna que agite sus pasiones,
donde revolotean versos que solo la música entiende
en un piano, que no olvida cuando fue árbol.

Son momentos donde no hay estaciones en mi voz;
con la Primavera fugitiva a mi vista
mientras el Verano azora los rieles de mis venas,
y el Otoño, quien tapa de hojas la alcantarilla de mis ojos
sin permitir fluya, la ventisca Invernal de mi retina.

¿Qué sentimiento es éste, cuando al visitar otras galaxias
le busco entre la gente?

Ausente le pierdo en el planisferio de mi cuerpo,
como un poema escrito y con el tiempo olvidado,
entre calles marchitas en el abono de la historia
con el pensamiento manco de una violinista
que deambula sobre cuentos, todos ellos, incompletos.

Clavel Rojo
Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.

28 March, 2010

Más allá...

"Memory is a funny thing. Recollections slip in and out around in time. Leave plenty of room to weave and backtrack to live them again… In my life I’ve found that memories of the spirit linger to sweeten the life.
Perphas my fondest memories are of my childhood days..."


Me gusta dormitar en el alfeizar de la ventana, mientras vuelo palomas de papel, quiero alcancen al sol para hacerle cosquillas y de su risa fluyan pequeñas chispas simulando fuegos artificiales.


Lo cierto es que en cada paloma dibujo mis sentidos con algún pequeño secreto que cuento al cielo “callando a mis ojos” en el despertar de aquel atardecer.

Puedo ver más allá en el silencio de mis ojos, aquel horizonte donde lo incomprensible es realidad. La brisa trae consigo el suave aroma a vainilla iluminando mis retinas con acuarelas. Siento como el tiempo retrocede y vuelvo a ser niña de nuevo. Mi respirar se vuelve ligero y mi sangre es fuerte.


A mi entorno colibríes mi cabello adornan con ramitas, mientras concentro en una partida de ajedrez desafiante con mi Piano, quien recita fábulas de vida.


Por las noches subo a los árboles para tratar de alcanzar a las nubes y guiñarle un ojo a las estrellas. Las ranas y los grillos como tenores y sopranos entonan canciones de cuna para que pueda dormir al tiempo que el Cello cobija mis ilusiones con una lágrima de azúcar y el Violín apaga las velas, en vigilia de mi sueño.

Al amanecer el viento a todos diluye como si fueran humo, deslizando una veta de fragancia inconfundible. Me señala el camino que llega a casa, al volver mi rostro veo a un hombre que camina junto al sol, no trae nada en sus manos, excepto una flor, un clavel rojo. Reconozco esa gabardina, ese andar pausado. Es mi papá.

Me levanto sin perder tiempo, solo visto mi bata y salgo a su encuentro. No importa que la mañana sea fresca y pueda hacerme daño, la emoción es grande, pura, vívida.

Corro para alcanzarle. Mi cabello desordenado vuela entre el tiempo mientras mis pies se hunden en la tierra de la vida. Ya veo vuestro rostro, estas sonriendo. Abrázame, enséñame a ver lo que tú ves, ser lo que tú eres en este mundo de acuarela.

Al abrir mis ojos destellan en ellos una cálida sensación, observo que aún entre mis manos queda una última paloma, con un beso de lágrima la dejo en libertad llevando consigo mi fantasía.

Clavel Rojo
Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.