28 January, 2010

Silente espera




"A cierta edad, un poco por amor propio, otro poco por picardía, las cosas que más deseamos son las que fingimos no desear." Marcel Proust

¿Dónde estas luciérnaga del día?

Responde volátil hoja de menta en mi garganta,
para preguntaros por vuestra ausencia,
toda perpleja de esperanza.

Siendo mi sol de noche,
aquel que en intimidad conmueves a los pétalos
parar de ellos hacer vuestras alas
que inventan lejanas utopías.


Mi cielo llora el anhelo,
como si vuestra falsa caricia alimentara mi cuerpo,
con temor al demandar un sentimiento,
uno que eterniza en el sesgo de mi razón.

Mira el horizonte, parece estarme esperando,
aun con el camino vilipendiado,
no quisiera recorrerlo,
si, algún día de vuestra mano me columpio.

Sonrío ante ingenua ilusión,
tan incierta que del sonido el silencio me acompaña,
con tintineo del grillo de mi insomnio,
al imaginar de vos un rostro.

Cielo azul de mi vestido,
llama su atención en alguno de mis días,
para lograr a mis silentes ojos
franquearse a la percusión de un solo atisbo.


Clavel Rojo

© Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados

26 January, 2010

Torii




Se dice que los Torii son las puertas ancestrales que sirven de portal al mundo de los muertos, donde en respuesta a mi plegaria he visto a mi padre.

Exhalar del frío a mi sol la nostalgia,

ella que me hace navegar
entre los luceros de porcelana del iris de vuestra mirada,
permitiendo retroceder en alientos exiliados de recuerdos.

Magia en forma de esperanza escarlata,
levitando a mi esencia sutil aroma,
cual mensaje de humo de algodón,
es de los ancestros la puerta.


Dormir, quiero dormir… Si al cerrar mis ojos
veré vuestra sombra fija al interior,
con brazos abiertos al calor del fuego
con fraternal huella de amor.

Ahí, os esperas inmóvil con sonrisa etérea
de mi ingenua ilusión dibujada con acuarelas,
que me incita a correr como niña hacia vuestro refugio,
aunque de vos solo distinga el soplo de vuestro perfil.

Abrázame, impregna de mi afecto vuestro bálsamo,
para recordar a mi despertar el tacto de vos sobre mi piel,
colmando de palabras mi plegaria con fragancia a clavel.

Clavel Rojo
© Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.

21 January, 2010

Raíces



A un clavel
Domingo 03, enero, 2010


Inspiración, empezar mi carta con ella, con la palabra que ha invadido mi pensamiento, corazón y espíritu las ultimas semanas.

Es respirar los vestigios de una vida con la mano de mi abuela sobre el hombro. Bella mujer que mantiene la flor de una esencia desvanecida que ahora parece un sueño, historia que la enorgullece y eleva sobre lágrimas de unos ojos pequeños que resguardan secretos de una vida dedicada al arte, cultura y servicio.

No podría encontrar a una mujer tan distinta de mi. Una mujer tan hermosa que aun con el tiempo, de un hombre logra mantener la mirada fija. Ella, mujer culta, siempre delicada y encantadora. A veces podría no parecer natural, porque de su comportamiento se incluyen los dogmas aprendidos de un tiempo casi olvidado en la modernidad.

Es ahora donde su antigua Okiya, me señala. Se ha convertido en una tienda de ropa convencional y algunos ornamentos para hogares de turistas. No llores abuela, que de los escenarios aun vos os mantienes. Sos el significado viviente de todo aquello, igual que Monte Misen, perenne y sagrada. No ves acaso tierna mujer que sos tan fuerte como el gran Torii del Santuario Itsukushima, vos como ellos aun os mantienes en pie.

Brindemos con Sake, brindemos por el pasado desvanecido. Por la belleza de vuestros ojos que reflejan aguas del Mar Seto. Tierna dama de la antigua Hiroshima, esperas del Torii atravesar para a vuestros hermanos kami recibir. Todos en espera de recibiros del otro lado del mar.

Mi abuela, tan fuerte y emblemática, a los ojos de mi abuelo lloras cuando de éste las lágrimas brotan en el Santuario Yasukuni, jinga de vuestros hermanos caídos en combate. Temiendo si de la muerte sea de vosotros la separación eminente.

Yo que más puedo deciros, si yo misma le comprendo poco. Si la mejilla aun me arde por la bofetada recibida hace unos años, aun duele. El honor de mi abuela debí haber insultado. Mi simplicidad contrasta con aquella dama compleja. Yo, que hace años renuncié a la espera de un halago de su parte, hoy recibo en respuesta de aquella bofetada la razón de su desencanto a mi persona.

Siempre tan distantes, ahora estábamos sentadas frente una de la otra con el Monte Fuji de testigo, serían sus ojos cansados que al mirarme a su historia retornó, detalles que me confesó quedaron grabados no solo en mi memoria sino en el corazón. Detalles de una niña huérfana que para sobrevivir aprendió el significado de mujer de aquella época; renunciando al amor con eterna sonrisa de porcelana. Sería el momento, el Sake o la presencia de Fuji que atreví a mencionar.

-“Aun me duele Abuela”- solo dije ello, como si llevásemos horas hablando solo sobre ello. Sin importar la falta de coherencia a mi frase esperé de ella una respuesta. No de la bofetada. Sí de la indiferencia, de mi incapacidad de agradarla, de no ser más que la nieta carente de gracia.

Al mirarnos por un largo silencio, temí recibir de ella una segunda bofetada. Hubiera sido más cómodo que solo mirarme.

-”Has sido amada por tu padre y abuelo, sin importar tu rechazo a mi criterio, mi educación embargada de costumbres ahora olvidadas. Eres silente y rebelde como el viento, a veces logras articular sonidos, todos ellos indescifrables con esa esfera de misterio que cautiva. Cuando te observo me veo en el Seto, sos de mi el Kakure no miya.”

Miré hacia la ventana. El Monte Fuji parecía más alto que hace unos instantes, y es que, entre las nubes se asomaba.
 
Escrito traducido y extraído de mi diario
08-año 2010
Clavel Rojo
 
© Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados
 
Kakure no miya en japonés; Santuario de los muertos.
Mar Seto; mar interino de Japón.
Sake en japonés; bebida alcohólica a partir del arroz fermentado.
Santuario Yasukuni; es un santuario a los kami de soldados caídos con honor en combate.
Kami; espíritu de ancestros resguardados del otro lado de los Turii.
Turii; Puertas que llevan al mundo de los muertos, nuestros ancestros.
Santuario Itsukushima; Santuario sintoísta sobre el agua.
Okiya; casa de Geishas del antiguo Japón.
Monte Fuji; el pico más alto de todo Japón. Esta en la isla Honshu. A pesar de decirle comunmente monte es un volcán.
Monte Misen; la montaña más alta de la isla Itsukushima.
 
 
 
 

22 December, 2009

Madame Butterfly



"Y en mis lágrimas de niña tejí un capullo,
el capullo de la vida logré romper"
Madame Butterfly, ópera de Giacomo Puccini



Primer acto

Es de trama la sonrisa que pinta a tono carmín,
donde mohín de mariposas encandila,
ella que con aceites cala su hebra,
ataja y vaga de noche los lamentos.


Encadenada al caudillo de los secretos,
en sombras su cuerpo renuncia a la familia,
que a cauto vuelo enmohecido es sofocada,
al instante que con sangre bosqueja corazones sobre su pecho.


Mismo que solo en soslayo la concreta,
en un abandono a las lejanas tierras,
dejando de su brío,
la esperanza con espejo a los océanos.


Segundo acto

Mariposa de péndola en imperecedero,
en espera, la dama, está por su venida,
mirando el piélago en busca de aquel, su rocín nevado,
en eterna zozobra, de que sea el sol quien la ha preñado.


Es ella el gemido oxidado de terciopelo,
con tristeza que divaga los susurros,
cuando de vuestro dueño es la mano ilustre de asesino,
hambriento de la sangre de vuestros hermanos.


Tercer Acto

Marino indiferente a bella mariposa
haciendo de su corazón la presa de deseos,
cuando de vuestro juicio,
del estolón la despojas dejando sus brazos vanos.


Mi dama mariposa, es de vos la sutileza,
abandonada al infortunio de odios de guerra
donde vuestro nombre testigo es de seppuku,
cuando en anonimato os recitan
“¡Mariposa… Mariposa!”

Clavel Rojo
© Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados

Seppuku; ritual  japonés de suicidio

15 December, 2009

Toccata & Fugue



A distancia entre los bosques de neblina,

reconocida en peladilla compacta a las sombras que lo anidan,
cuando la Inquisición entre teas,
de adverso lo incriminaron.


Es el eco de marchas la heredad de una historia,
una que curiosea cual reliquia de un pensamiento,
misma donde al salón la escalera declina,
 en imponente tiniebla que a los ojos encandila.

Colmado de veredas, entre los espejos que os refleja,
siendo el olvidado arcano a catadura atormentado,
siempre en ritmo de vuestros pasos,
es de la melodía que dilucido entre doseles.


Son esas moquetas, todas ellas añejas
que a mis pasos de cría percibieron,
siendo los bargueños inseparables testigos
de la historia que entre murallas se auscultaba.


Es de los pasos que el clavicordio compone,
en huida el instinto con portones entreabiertos,
ellos de un resabio a vid envinado,
como si al pasar la levadura cubriera los ajuares.

No es de él la beldad de un palacete,
no obstante se lo cavile,
en ese soneto a distancia que atrae a las pupilas
figurando pavuras que habitan en esa opacidad que incita.

Clavel Rojo

© Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados

10 December, 2009

Cerca de vos


"La música clásica es uno de las mejores cosas que le han ocurrido a la humanidad. Si le inculcan a uno el gusto por ella de manera adecuada, se convierte en una amiga para toda la vida."
Yo-Yo Ma, maestro y vigía musical

A mi madre en gratitud por mi nacimiento


Añadas sugieren y en mi casa recitan,

es el clavel rojo que hoy ha principiado,
humilde la flor que mi madre entre sus manos engomó,
invariablemente entre los lienzos de vuestro amor.

Es el clavel rojo que vos adoptó con devoción en vuestro corazón,
en paliativo a los años de vuestra pasión,
con beldad, de vos el distintivo,
como Geisha madre de un clavel exiguo.


De las melodías, sos la más refulgente,
al ser vuestra dicción la incipiente consonancia auscultada,
misma que acompaña en mi composición a la vida,
a mis pasos la enseñanza de mi agraciada dama.

Si, a mis manos observo,
siempre una veta de estrella aspiro notar
una pequeña, tan solo,
que revele que soy de vuestro lucero.


Encumbrarme a besaros la mano,
para corresponderos por la savia haberme dado,
si bien, de ella solo descubra un suspiro,
en plétora ataujía que germina caricia.


Es mi palpitar de providencias
que dilatan en calor a la tierra,
con esplendor a candela de noche,
vigilante y constelada, emblema de mis academias.

Clavel Rojo
© Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados

06 December, 2009

Yerushalayim


Domingo 16, enero, 2000.

A un clavel

Es ahora en mis vacaciones que acompaño a mi padre a uno de sus congresos, aquellos donde suele hablar de la transformación de la materia alterando su estado molecular. Podría deciros que mis pruebas en los tópicos en Química eran sencillas después de escucharlo recitar en voz baja una y otra vez sus conferencias. Le diría “Padre, ¿es necesario recitaros?” pero, parece le ayuda a dar énfasis a su vocablo y adquirir seguridad. Lo admiro, cuando lo veo entre el público apenas y concreto que sea mi padre, el mismo que gusta del café caliente con pan tostado por las mañanas, parece distante, inalcanzable.


El sábado era día libre de trabajo y cualquier motivo académico, era el momento, salimos a conocer más allá de los libros.

Siempre en amalgama uno del otro al igual que un aluminio, en esa característica del metal maleable. Acompañarlo significa conocer, aprender y guardar en mi memoria imágenes de aquello que solo en los compendios se menciona.

La tierra es árida con sol determinante, por ello que a mi paso podía escuchar el sonido de la heredad, como un crujir que amenazaba con traspasar a mis zapatos. Era el calor asfixiante  que parecía la tierra movía. El aire evaporaba, vislumbrando a la distancia el polvo hasta mis venas del desierto.

La población cubierta como si fantasmas fuesen, encubiertos pasando en el ondeante de sus ropas. Cuando mi padre y yo apenas en mezclilla y playera blanca con manga larga evitando así el sol dañara.

Era mi rostro de un tono rosado, como si me hubiesen dibujado con acuarelas, Óscar ya me estaría fotografiando como acostumbra. Feliz, agradecí al sol ya que a  mi hermano fastidia tanto como él a mi en ocasiones con su cámara. Así que, éramos solo mi padre y yo por una pendiente ya con el aire faltando a vuestros pulmones. Era a cada paso que recordaba lo leído sobre aquel sitio; batallas, enigmas, sangre, religión, razones de odio, muerte, destrucción. Intentaba recordar alguna buena palabra que justificara toda su historia.

Mi padre y yo frente a él, pequeñitos ante el significado retratado en tantas obras literarias. Siendo el vestigio que a los judíos mantiene en pie a su tierra prometida, el templo de Salomón derrumbado y reconstruido al paso de la tradición, hasta la llegada de Tito quien solo aquel muro dejó como vestigio de historia. Mismo que resguarda a la Mezquita. Considerar a ambas culturas cercadas por el muro, ambas en su lugar más santo y emblemático. ¿Será posible que fuese el mismo?, ¿será posible que toda religión hable del mismo acontecer pero disperso al paso de la historia?...

-"Alejandra"- mi padre tomando de mi mano me sacó de mis pensamientos- "aun debemos ir a Damasco, el atardecer os alcanza."

Fue entonces a la Puerta de Damasco que nos dirigimos, antigua y llena de secretos, contención de la  vetusta Jerusalén, es ahí en la Tumba del Jardín que presupone fue su crucifixión. Mirando hacia el norte es el Santo Sepulcro y con ello la historia de generaciones. A mi mente las fechas brincaban cual si fuesen gotas de lluvia en una tierra desértica. En una pequeña colina donde se figura la imagen de una calavera, fue ahí que despedimos al sol observando a la ciudad al término del día. El mercado de Damasco se terminaba.

-"¿Qué observas?"- Inquirió mi padre con mirada perdida hacia la ciudad.

Pensé en la respuesta, ¿qué veía?, tantas palabras me embargaron que solo atiné a decir aquella que me parecía abarcaba a todas ellas. –Historia- respondí. Sin embargo mi padre al mantener silencio me instó a justificarme.

-"Historia de vida, de religión, de guerra, odio justificado entre culturas, ausencia, dolor… de todo ello se simplifica en enigma de la propia idea del hombre sobre si mismo."

Mi padre me miró.

-“Has mencionado consecuencias. Yo no veo consecuencias, veo causas. La fe trasciende en el corazón y se materializa en la tierra, es Jerusalén que en pie se mantiene por la fe. El hombre subsiste en un deseo, en esa razón por la que nos aferramos. El hombre necesita creer y busca materializarlo a su realidad.”

Escrito extraído y traducido de mi diario

02, año 2000.
Clavel Rojo


© Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados



Ese día comprendí que el amor, la esperanza, la fe se percibe no solo en piedra… sino que fortalece en el amor a la familia, a la pareja, a los hijos, a los amigos. Es el amor, la fe; que nos mantiene en esa esfera, una propia quizá.

Es tal vez mi fe un clavel rojo, uno que materializa el amor perpetuo hacia mi padre. Sonrío, mantengo mi propio “Hakótel Hama'araví”.


Yerushalayim en Hebreo; Jerusalén, capital de Israel.
Hakótel Hama'araví en Hebreo; Muro de los lamentos.