A un clavel
Domingo 03, enero, 2010
Inspiración, empezar mi carta con ella, con la palabra que ha invadido mi pensamiento, corazón y espíritu las ultimas semanas.
Es respirar los vestigios de una vida con la mano de mi abuela sobre el hombro. Bella mujer que mantiene la flor de una esencia desvanecida que ahora parece un sueño, historia que la enorgullece y eleva sobre lágrimas de unos ojos pequeños que resguardan secretos de una vida dedicada al arte, cultura y servicio.
No podría encontrar a una mujer tan distinta de mi. Una mujer tan hermosa que aun con el tiempo, de un hombre logra mantener la mirada fija. Ella, mujer culta, siempre delicada y encantadora. A veces podría no parecer natural, porque de su comportamiento se incluyen los dogmas aprendidos de un tiempo casi olvidado en la modernidad.
Es ahora donde su antigua Okiya, me señala. Se ha convertido en una tienda de ropa convencional y algunos ornamentos para hogares de turistas. No llores abuela, que de los escenarios aun vos os mantienes. Sos el significado viviente de todo aquello, igual que Monte Misen, perenne y sagrada. No ves acaso tierna mujer que sos tan fuerte como el gran Torii del Santuario Itsukushima, vos como ellos aun os mantienes en pie.
Brindemos con Sake, brindemos por el pasado desvanecido. Por la belleza de vuestros ojos que reflejan aguas del Mar Seto. Tierna dama de la antigua Hiroshima, esperas del Torii atravesar para a vuestros hermanos kami recibir. Todos en espera de recibiros del otro lado del mar.
Mi abuela, tan fuerte y emblemática, a los ojos de mi abuelo lloras cuando de éste las lágrimas brotan en el Santuario Yasukuni, jinga de vuestros hermanos caídos en combate. Temiendo si de la muerte sea de vosotros la separación eminente.
Yo que más puedo deciros, si yo misma le comprendo poco. Si la mejilla aun me arde por la bofetada recibida hace unos años, aun duele. El honor de mi abuela debí haber insultado. Mi simplicidad contrasta con aquella dama compleja. Yo, que hace años renuncié a la espera de un halago de su parte, hoy recibo en respuesta de aquella bofetada la razón de su desencanto a mi persona.
Siempre tan distantes, ahora estábamos sentadas frente una de la otra con el Monte Fuji de testigo, serían sus ojos cansados que al mirarme a su historia retornó, detalles que me confesó quedaron grabados no solo en mi memoria sino en el corazón. Detalles de una niña huérfana que para sobrevivir aprendió el significado de mujer de aquella época; renunciando al amor con eterna sonrisa de porcelana. Sería el momento, el Sake o la presencia de Fuji que atreví a mencionar.
-“Aun me duele Abuela”- solo dije ello, como si llevásemos horas hablando solo sobre ello. Sin importar la falta de coherencia a mi frase esperé de ella una respuesta. No de la bofetada. Sí de la indiferencia, de mi incapacidad de agradarla, de no ser más que la nieta carente de gracia.
Al mirarnos por un largo silencio, temí recibir de ella una segunda bofetada. Hubiera sido más cómodo que solo mirarme.
-”Has sido amada por tu padre y abuelo, sin importar tu rechazo a mi criterio, mi educación embargada de costumbres ahora olvidadas. Eres silente y rebelde como el viento, a veces logras articular sonidos, todos ellos indescifrables con esa esfera de misterio que cautiva. Cuando te observo me veo en el Seto, sos de mi el Kakure no miya.”
Miré hacia la ventana. El Monte Fuji parecía más alto que hace unos instantes, y es que, entre las nubes se asomaba.
Escrito traducido y extraído de mi diario
08-año 2010
Clavel Rojo
© Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados
Kakure no miya en japonés; Santuario de los muertos.
Mar Seto; mar interino de Japón.
Sake en japonés; bebida alcohólica a partir del arroz fermentado.
Santuario Yasukuni; es un santuario a los kami de soldados caídos con honor en combate.
Kami; espíritu de ancestros resguardados del otro lado de los Turii.
Turii; Puertas que llevan al mundo de los muertos, nuestros ancestros.
Santuario Itsukushima; Santuario sintoísta sobre el agua.
Okiya; casa de Geishas del antiguo Japón.
Monte Fuji; el pico más alto de todo Japón. Esta en la isla Honshu. A pesar de decirle comunmente monte es un volcán.
Monte Misen; la montaña más alta de la isla Itsukushima.

Bella y contemplativa recreación de ese diálogo que mantuviste con tu abuela en el marco incomparable del Monte Fuji. Me ha gustado el lirismo que arroja ese final. Parece un diálogo entre generaciones. No viene mal, para comprender el texto, la traducción de algunas palabras en japonés.
ReplyDeleteCelebro que hayas vuelto a publicar en el blog. Un fuerte abrazo, Alejandra.
En tus letras siempre hay mucho respeto, mi querida Yoko, y se ve que idolatras a tu abuela, con aciertos y errores, todos los tenemos, cuando seas mamá tú también seguramente los cometerás, es una historia íntima que nos acerca más a ti, y de paso aprendo cosas de Japón, que nunca está de más el saber.
ReplyDeleteUn besito para ti