A un clavel
Es ahora en mis vacaciones que acompaño a mi padre a uno de sus congresos, aquellos donde suele hablar de la transformación de la materia alterando su estado molecular. Podría deciros que mis pruebas en los tópicos en Química eran sencillas después de escucharlo recitar en voz baja una y otra vez sus conferencias. Le diría “Padre, ¿es necesario recitaros?” pero, parece le ayuda a dar énfasis a su vocablo y adquirir seguridad. Lo admiro, cuando lo veo entre el público apenas y concreto que sea mi padre, el mismo que gusta del café caliente con pan tostado por las mañanas, parece distante, inalcanzable.
El sábado era día libre de trabajo y cualquier motivo académico, era el momento, salimos a conocer más allá de los libros.
Siempre en amalgama uno del otro al igual que un aluminio, en esa característica del metal maleable. Acompañarlo significa conocer, aprender y guardar en mi memoria imágenes de aquello que solo en los compendios se menciona.
La tierra es árida con sol determinante, por ello que a mi paso podía escuchar el sonido de la heredad, como un crujir que amenazaba con traspasar a mis zapatos. Era el calor asfixiante que parecía la tierra movía. El aire evaporaba, vislumbrando a la distancia el polvo hasta mis venas del desierto.
La población cubierta como si fantasmas fuesen, encubiertos pasando en el ondeante de sus ropas. Cuando mi padre y yo apenas en mezclilla y playera blanca con manga larga evitando así el sol dañara.
Era mi rostro de un tono rosado, como si me hubiesen dibujado con acuarelas, Óscar ya me estaría fotografiando como acostumbra. Feliz, agradecí al sol ya que a mi hermano fastidia tanto como él a mi en ocasiones con su cámara. Así que, éramos solo mi padre y yo por una pendiente ya con el aire faltando a vuestros pulmones. Era a cada paso que recordaba lo leído sobre aquel sitio; batallas, enigmas, sangre, religión, razones de odio, muerte, destrucción. Intentaba recordar alguna buena palabra que justificara toda su historia.
Mi padre y yo frente a él, pequeñitos ante el significado retratado en tantas obras literarias. Siendo el vestigio que a los judíos mantiene en pie a su tierra prometida, el templo de Salomón derrumbado y reconstruido al paso de la tradición, hasta la llegada de Tito quien solo aquel muro dejó como vestigio de historia. Mismo que resguarda a la Mezquita. Considerar a ambas culturas cercadas por el muro, ambas en su lugar más santo y emblemático. ¿Será posible que fuese el mismo?, ¿será posible que toda religión hable del mismo acontecer pero disperso al paso de la historia?...
-"Alejandra"- mi padre tomando de mi mano me sacó de mis pensamientos- "aun debemos ir a Damasco, el atardecer os alcanza."
Fue entonces a la Puerta de Damasco que nos dirigimos, antigua y llena de secretos, contención de la vetusta Jerusalén, es ahí en la Tumba del Jardín que presupone fue su crucifixión. Mirando hacia el norte es el Santo Sepulcro y con ello la historia de generaciones. A mi mente las fechas brincaban cual si fuesen gotas de lluvia en una tierra desértica. En una pequeña colina donde se figura la imagen de una calavera, fue ahí que despedimos al sol observando a la ciudad al término del día. El mercado de Damasco se terminaba.
-"¿Qué observas?"- Inquirió mi padre con mirada perdida hacia la ciudad.
Pensé en la respuesta, ¿qué veía?, tantas palabras me embargaron que solo atiné a decir aquella que me parecía abarcaba a todas ellas. –Historia- respondí. Sin embargo mi padre al mantener silencio me instó a justificarme.
-"Historia de vida, de religión, de guerra, odio justificado entre culturas, ausencia, dolor… de todo ello se simplifica en enigma de la propia idea del hombre sobre si mismo."
Mi padre me miró.
-“Has mencionado consecuencias. Yo no veo consecuencias, veo causas. La fe trasciende en el corazón y se materializa en la tierra, es Jerusalén que en pie se mantiene por la fe. El hombre subsiste en un deseo, en esa razón por la que nos aferramos. El hombre necesita creer y busca materializarlo a su realidad.”
Escrito extraído y traducido de mi diario
02, año 2000.
Clavel Rojo
Clavel Rojo
© Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados
Ese día comprendí que el amor, la esperanza, la fe se percibe no solo en piedra… sino que fortalece en el amor a la familia, a la pareja, a los hijos, a los amigos. Es el amor, la fe; que nos mantiene en esa esfera, una propia quizá.
Es tal vez mi fe un clavel rojo, uno que materializa el amor perpetuo hacia mi padre. Sonrío, mantengo mi propio “Hakótel Hama'araví”.
Yerushalayim en Hebreo; Jerusalén, capital de Israel.
Hakótel Hama'araví en Hebreo; Muro de los lamentos.

Dijiste sencilla? Sí pude ser, pero enmarca una vivencia que trasciende lo simple. Por su contenido magnífico y su esplendorosa escritura. Uno siente estar ahí, con vosotros, respirar el aire pleno de culturas e historias, pleno de amor hacia tu padre. Es una pieza notable, hermosa, la he leído con admiración y respeto y la volveré a leer del mismo modo. Felicitaciones, Yokito y muchas gracias por tu aporte, brillante.
ReplyDeleteRuben.
La fe es importante, no sólo dentro de la religión. Yo siempre digo que hay que creer en algo, aunque sea en uno mismo. No obstante, el odio nunca estará justificado, aunque haya unas causas que lo expliquen.
ReplyDeleteEstoy seguro de que nunca olvidarás esos diálogos con tu padre, en los que tú, la discípula, aprendes por el método socrático: la mayéutica.
Nunca he estado en Damasco, pero debe de ser una ciudad hermosa, donde se respira Historia.
Un fuerte abrazo, Alejandra.
El amor a tu padre siempre está en ti, estimada Yoko, y nos compartes a modo de diario-blog tus sentires y vivencias con esa ternura que acostumbras.
ReplyDeletete suplico mi querida amiga, que no me llames maestra, soy una más que escribe sentimientos como puede o como sabe, como tú, como tantos, soy sencillamente una más. Yo también aprendo de ti, y además hebreo ( sonrisas y besos para ti mi querida Yoko)
Me ha encantado leerte está prosa poética alejandra, cuanto aprendiste de la mano de tu padre amiga.....La esperanza, la fé y el amor es el tripode desde el que se sostiene la cámara fotográfica desde la que le echamos imagenes a la vida que deseariamos
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