22 October, 2010

Un clavel para octubre
Sabe usted, por qué me denomino como un clavel rojo?

Cuántos significados pueden mantener las flores en el mundo. Quizá podría ser una mirada en un amanecer enamorado o la sinfonía de dos amantes que al tocarse sean el bravío de los mares.
Yo no podría explicarle cual es la razón de que las flores abran su vida al mundo en primavera y mueran en otoño siempre frágiles, estáticas y bellas.

Reconozco que por mucho tiempo las desprecie, siempre me parecieron vanidosas y débiles. Los enamorados se reconocían entre ellas, plenos de admiración, cuando al recibir un racimo eran glorificados en sentimiento, pero en el trasfondo de ese mensaje de amor yo lo relacionaba con un ciclo de vida, me negaba a pensar que los sentimientos pudieran nacer y morir, débiles ante el tiempo, la rutina, los malos entendidos, las distancias, vulnerables a las variantes de su existencia.

Envuelta en mis pensamientos sobre la vida pasé 22 años, 8008 días, 192192 horas, 115315520 minutos con sus 691981200 segundos aprendiéndola en el jardín de mi hogar, sonrío llevo mi cuenta anual. En todos esos momentos, en aquellos suspiros olvidados las observé nacer y morir, una detrás de otra. Me preguntaba por qué su belleza se marchitaba y se volvían nada para los ojos que las miraban. Dónde quedaba su admirada belleza con el lucero que las enaltece para representar los sentimientos humanos al ser obsequiadas… Qué crueles hemos sido con ellas, porque se les aprecia cuando son bellas y se les ignora cuando envejecen.

Sin embargo mi padre me enseñó a no apreciar la superficialidad de la vida, a no ver solo el rojo intenso de la rosa y el clavel, la blanca y delicada orquídea o el fugaz suspiro de los tulipanes… Todo permanece en nuestros corazones si sabemos darle su lugar en nuestro mundo con amor, respeto y fe. Como un misterio envuelto en un capullo que desborda luz a quien la admira. Donde la flor no es la culminación de un comienzo sino un detalle que conforma un todo. Las flores mueren para dar lugar a sus hermanas, renacen en ellas, es la forma en que la naturaleza nos sonríe en primavera.

Es por ello que al marchitase la vida de mi padre en un otoño de octubre, mis hermanos y yo decidimos enterrar su “flor marchita” donde pudiera ser vida por siempre que nuestro amor, respeto y fidelidad permanezca unida. Es ahí, al cobijo de un árbol, que nació de sus manos un 10 de diciembre hace 22 años, que duerme en los brazos de la eternidad.
Y yo, en mi deseo de llevarlo conmigo a todas partes, tomé un poco de la tierra que forma parte de él. Y en ella sembré un pequeño clavel rojo, su flor predilecta, quien siempre florece para recordarme que aun permanece con vida en el detalle de una flor.


Clavel Rojo
Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.

3 comments:

  1. La memoria y el amor de tu padre,siempre vivos y renovados en ese "clavel rojo" de tu nombre,Alejandra...!
    Las flores son sencillas y generosas,dan todo lo que son,no se reservan la belleza...Y es cierto que,siempre vuelven a nuestros ojos,vivas y renovadas presagiando esperanza...!!!
    Mi gratitud por compartir y mi abrazo,amiga.
    M.Jesús

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  2. No solo es parte de tu historia, sino también del ciclo evolutivo de la naturaleza y del ciclo vital de tus recuerdos. Un clavel rojo, en este caso es el fiel exponente de la noción de la eternidad, mientras florezca en tu jardín y en tu corazón, que es donde él vivirá por siempre. Y a partir de esta historia, veré en los clavelel rojos, un poco de tu emoción, y será la mía.
    Un beso enorme princesa.

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  3. Sabes Alejandra a través de tu amor a tu padre esa flor germinará cada primavera para llenar de paz y belleza el rincón donde reposa su cuerpo, pues su alma sin duda es libre como el viento y tú llevas un gran pedacito de ella pegada junto el latido de tu pecho.

    Un fuerte abrazo amiga mía.

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