Deseo agradeceros a todos vosotros por vuestras aportaciones en mi blog. Yo las aprecio todas.
Lamento deciros que debo ausentarme por un tiempo debido a mi salud, sin embargo mantengo la ilusión de regresar algún día con la vitalidad que anhelo.
Yo quisiera compartir algo con todos, música. Yo la colecciono, me gusta tener de todas partes del mundo, saber lo que se escucha en el rincón más inhóspito de la tierra. Sonrío. Os dejo esta melodía, no es recóndita pero me gusta mucho. Es con ella que me reitero hacia vosotros con un hasta luego.
Por su afecto, muchas gracias. Un clavel rojo a todos vosotros.
APRE
09 July, 2010
Viento
Si al conocerme, afirma que soy sutil cual brisa que se desliza en el cosquilleo de la piel desnuda de los árboles en una danza con desgana, debo deciros que del cierzo la fuerza no menosprecie. Porque es la furia de un instante, al vuelo de mariposa, que las puertas se azotan y el sonido traslúcido agrieta los ventanales de los ojos.
Ser aquilón es la libertad de mi cabello en rebeldía, como lo es una Reina sin corona o una gala sin cubierto. Es la sinfonía elocuente de un beso a cuatro cuerdas del deseo, como efervescencia del día en holocausto y parir a grito la noche disfrazada con estrellas.
Soy siroco, sin mayor ímpetu que el tifón del que provienen mis versos, donde transcribo un sueño y al instante muero cuando le vivo.
Soy hálito no para ser inteligible, es por ser libre.
Viento, sólo eso.
Clavel Rojo Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.
07 July, 2010
Contigo en la distancia de un sueño de invierno
A Rubén, que es invierno... a mi pensar la estación más bella.
En mi alba, que es su crepúsculo. Inmersa en la oscuridad del silencio escucho su respirar y en mis deseos, confecciono los arpegios de su aliento.
Mi cielo, susurra el vino traslúcido de mis labios. Despertarle quisiera con un beso robado en su sueño, como una ladrona celosa de sus ansias, que resbalan sobre la nieve de su pecho.
Respirarle la piel es aromatizar mi rostro de felicidad, con mi nariz sobre la corteza de su intelecto, me embriago con la sed de mis ganas entre mis nocturnos cabellos y los suyos de invierno.
Clavel Rojo
Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.
04 July, 2010
Segundos de olvido
Existen los segundos de olvido delirantes por la terciana agonizante, entre las manecillas del reloj que inhala un dolor apaciguado.
Es el cuerpo una hoja de otoño, cedido a la sequía de una sonrisa, sin vanidad en sus mejillas o una gota de rubor sobre su anhelo.
El tiempo es una punzada constante en el cerebro como el aguijón de una abeja sobre mi pecho, que impide, la luz fluya en los pulmones y congestione los oídos con ruido, hasta propiciar de la inspiración, un desmayo.
¿Por qué algunos juegan con su tiempo, hundidos en la desesperación de los vicios y otros quisieran tan un segundo más de vida?
Una oportunidad es el deseo, solo un vuelo de mariposa que esparza el polen de mis sueños, y así, unirme a la tierra en una huella, con mi promesa de ser tildada, al primer suspiro de invierno.
Clavel Rojo Alejandra P. Rodrpiguez Espinosa. Todos los derechos reservados.
30 June, 2010
Un recuerdo ahogado en mi lago de soledad
"Prefiero morir mañana a Vivir cien años sin haberos conocido” Rebecca Rolfe
A mi padre en el que sería su aniversario de nacimiento número 56
Hoy mis ojos son mudos, como un pez fuera del agua ahogado en un río de llanto en el recuerdo de un sueño olvidado.
La mesa se ha vestido con un lugar vacío, con las velas derretidas sobre mis ojos donde se han bordado las lágrimas que encoge la sonrisa sobre mi rostro.
Hay polvo sobre la pupila de los recuerdos, caricias que se pierden en el viento como una sirena sofocada en el lago de su soledad, hundida en las cuerdas de un piano lastimero.
Clavel Rojo Alejandra P. Rdodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.
24 June, 2010
El hada de los cielos
Esta noche el cielo solloza sobre la tierra, se lamenta desfogando su ira sobre el planeta, solo algunos como yo, detenemos a intuir la razón de su congoja.
Cuando estaba pequeña solía pedirle a mi padre que mudáramos de ciudad, que buscáramos alguna donde el cielo siempre fuese feliz, donde el sol no callara en lamentos. Yo se lo imploraba en mis insomnios a causa de los rayos que hacían temblar el vidrio de mis ventanas e intensificaban el sepulcral eco en la casa, que a su vez se sumergía en las tinieblas de la noche.
Mis amigas de la escuela afirmaban que en mi hogar solían vivir fantasmas y que por ello, no gustaban visitarme. No en ese edificio viejo sobre la colina perdida, entre los pantanos olvidados por la civilización. Esas noches, como esta, les otorgaba la razón.
Mi padre se sonreía con ternura e infinita paciencia ante mis temores. Si hubiese fantasmas en la casa, decía, deberías aprender a convivir con ellos. Aseguraba que más allá de cuidarme de posibles visiones, debería hacerlo de aquello que ingenuamente creía y podía hacerme daño.
Cómo combatir el miedo de un infante, cuando es producido por su imaginación. Cuando se puede recrear las ilusiones más fantásticas nunca antes concebidas por nadie.
Fue entonces que mi padre decidió combatirlo con una ilusión, una esperanza como la que se le cuenta a los niños sobre Papa Noel o el Conejo de Pascua.
Él, decidió hablarme sobre una hada que cantaba al cielo por las noches para apaciguar su dolor, ella recitaba los más bellos versos en la metáfora de su melódica voz, como la última rosa de verano al velar la noche cual bálsamo al cuerpo estrellado del espacio.
Solo podría auscultarla, si permitía que la magia me embargara aniquilando cualquier temor en mi pecho. Debía aprender a escuchar por encima del trueno, educar a mi oído para distinguir lo armónico como la luz sobre la penumbra del ruido.
Así pasaron varias noches de aquel sollozo que lograba erizar mi corazón, donde mis intentos parecían vanos al tratar de concentrarme para escuchar a aquella hada del cielo. Fue un día que desesperada, salí de mi habitación a buscar a mi padre, fue curioso porque estaba temblando, pero la necesidad de su compañía fue mayor al miedo que podría sentir al vagar sola por la casa en medio de la tormenta y en la densa oscuridad. Fui valiente a consecuencia de mi temor.
Fue entonces que al caminar entre pasillos pude percatar una acotación vaga de una hermosa voz, comencé a buscarla en la oscuridad hasta hacerla más clara a mis sentidos. Me resultó de una cálida familiaridad, ya no llovía, ya no existía el ruido. Esa noche, recuerdo, quedé dormida junto a la puerta, bajo llave, de la que provenía aquella melodía, sin embargo al despertar por la mañana me encontré en mi cama sin lluvia, sombras o miedo.
Hoy, sonrío ante noches como ésta, en mi silencio en medio de los truenos escucho aquella voz, es mi madre que interpreta los arpegios de mi fe. Donde todos tenemos derecho a llorar, porque es el llanto la forma de comunicar lo que nuestro corazón siente, sufrir para aprender a sonreír y saberse alegre para distinguir cuando se llora por felicidad.
Clavel Rojo Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.
21 June, 2010
Un amor de fantasía
A Hikaru, Umi, Furu, Guru Clef, Ascot, Paris, Zagato, Lantis, Esmeralda y la adorada Nikona... Por los viejos tiempos, por la libertad de ser infante.
Dame un amor que sueñe como la magia de un eterno resplandor que ofrezca en el amanecer la inmortalidad de su corazón.
Es la fuerza de mi voluntad que enlaza las venas de una pasión como los racimos de una gota de vino con la palabra descifrada bajo el candor del agua.
De pronto, si al mirarle a los ojos en el palpitar de la tierra germinara con el céfiro de sus labios en la ceguera de los míos, el incendio de arrecifes, condensados en el minuta del amar.
Llueve fantasía en mi lágrima de azúcar cuando los labios son arrinconados y el recuerdo es dispersado en la realidad de una niña, que suele olvidar que ya es adulta.
Clavel Rojo
Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.
Hoy deseo compartiros una parte de mi, una significativa desde mi infancia. Todos los días a los doce años encendía el televisor a una misma hora para disfrutar de una hora de caricaturas. Ellas permanecen en mi memoria con ternura por los valores en mi representados, como el amor, el buen humor aun en contra de la adversidad, la amistad, lealtad, la fuerza de voluntad, la unión entre los seres que se aman.
Sonrío, sé que ahora soy adulta, pero en verdad os digo que aun pienso en mi infancia como si hubiese sido una página atrás que he terminado por leer y que de vez en cuando vuelvo a mirarle para recordar como era el mundo de hadas, la vida detrás del espejo, la magia de la espontaneidad, entre otros detalles... Por los buenos tiempos, por la libertad.