"Prefiero morir mañana a Vivir cien años sin haberos conocido” Rebecca Rolfe
A mi padre en el que sería su aniversario de nacimiento número 56
Hoy mis ojos son mudos, como un pez fuera del agua ahogado en un río de llanto en el recuerdo de un sueño olvidado.
La mesa se ha vestido con un lugar vacío, con las velas derretidas sobre mis ojos donde se han bordado las lágrimas que encoge la sonrisa sobre mi rostro.
Hay polvo sobre la pupila de los recuerdos, caricias que se pierden en el viento como una sirena sofocada en el lago de su soledad, hundida en las cuerdas de un piano lastimero.
Clavel Rojo Alejandra P. Rdodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.
24 June, 2010
El hada de los cielos
Esta noche el cielo solloza sobre la tierra, se lamenta desfogando su ira sobre el planeta, solo algunos como yo, detenemos a intuir la razón de su congoja.
Cuando estaba pequeña solía pedirle a mi padre que mudáramos de ciudad, que buscáramos alguna donde el cielo siempre fuese feliz, donde el sol no callara en lamentos. Yo se lo imploraba en mis insomnios a causa de los rayos que hacían temblar el vidrio de mis ventanas e intensificaban el sepulcral eco en la casa, que a su vez se sumergía en las tinieblas de la noche.
Mis amigas de la escuela afirmaban que en mi hogar solían vivir fantasmas y que por ello, no gustaban visitarme. No en ese edificio viejo sobre la colina perdida, entre los pantanos olvidados por la civilización. Esas noches, como esta, les otorgaba la razón.
Mi padre se sonreía con ternura e infinita paciencia ante mis temores. Si hubiese fantasmas en la casa, decía, deberías aprender a convivir con ellos. Aseguraba que más allá de cuidarme de posibles visiones, debería hacerlo de aquello que ingenuamente creía y podía hacerme daño.
Cómo combatir el miedo de un infante, cuando es producido por su imaginación. Cuando se puede recrear las ilusiones más fantásticas nunca antes concebidas por nadie.
Fue entonces que mi padre decidió combatirlo con una ilusión, una esperanza como la que se le cuenta a los niños sobre Papa Noel o el Conejo de Pascua.
Él, decidió hablarme sobre una hada que cantaba al cielo por las noches para apaciguar su dolor, ella recitaba los más bellos versos en la metáfora de su melódica voz, como la última rosa de verano al velar la noche cual bálsamo al cuerpo estrellado del espacio.
Solo podría auscultarla, si permitía que la magia me embargara aniquilando cualquier temor en mi pecho. Debía aprender a escuchar por encima del trueno, educar a mi oído para distinguir lo armónico como la luz sobre la penumbra del ruido.
Así pasaron varias noches de aquel sollozo que lograba erizar mi corazón, donde mis intentos parecían vanos al tratar de concentrarme para escuchar a aquella hada del cielo. Fue un día que desesperada, salí de mi habitación a buscar a mi padre, fue curioso porque estaba temblando, pero la necesidad de su compañía fue mayor al miedo que podría sentir al vagar sola por la casa en medio de la tormenta y en la densa oscuridad. Fui valiente a consecuencia de mi temor.
Fue entonces que al caminar entre pasillos pude percatar una acotación vaga de una hermosa voz, comencé a buscarla en la oscuridad hasta hacerla más clara a mis sentidos. Me resultó de una cálida familiaridad, ya no llovía, ya no existía el ruido. Esa noche, recuerdo, quedé dormida junto a la puerta, bajo llave, de la que provenía aquella melodía, sin embargo al despertar por la mañana me encontré en mi cama sin lluvia, sombras o miedo.
Hoy, sonrío ante noches como ésta, en mi silencio en medio de los truenos escucho aquella voz, es mi madre que interpreta los arpegios de mi fe. Donde todos tenemos derecho a llorar, porque es el llanto la forma de comunicar lo que nuestro corazón siente, sufrir para aprender a sonreír y saberse alegre para distinguir cuando se llora por felicidad.
Clavel Rojo Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.
21 June, 2010
Un amor de fantasía
A Hikaru, Umi, Furu, Guru Clef, Ascot, Paris, Zagato, Lantis, Esmeralda y la adorada Nikona... Por los viejos tiempos, por la libertad de ser infante.
Dame un amor que sueñe como la magia de un eterno resplandor que ofrezca en el amanecer la inmortalidad de su corazón.
Es la fuerza de mi voluntad que enlaza las venas de una pasión como los racimos de una gota de vino con la palabra descifrada bajo el candor del agua.
De pronto, si al mirarle a los ojos en el palpitar de la tierra germinara con el céfiro de sus labios en la ceguera de los míos, el incendio de arrecifes, condensados en el minuta del amar.
Llueve fantasía en mi lágrima de azúcar cuando los labios son arrinconados y el recuerdo es dispersado en la realidad de una niña, que suele olvidar que ya es adulta.
Clavel Rojo
Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.
Hoy deseo compartiros una parte de mi, una significativa desde mi infancia. Todos los días a los doce años encendía el televisor a una misma hora para disfrutar de una hora de caricaturas. Ellas permanecen en mi memoria con ternura por los valores en mi representados, como el amor, el buen humor aun en contra de la adversidad, la amistad, lealtad, la fuerza de voluntad, la unión entre los seres que se aman.
Sonrío, sé que ahora soy adulta, pero en verdad os digo que aun pienso en mi infancia como si hubiese sido una página atrás que he terminado por leer y que de vez en cuando vuelvo a mirarle para recordar como era el mundo de hadas, la vida detrás del espejo, la magia de la espontaneidad, entre otros detalles... Por los buenos tiempos, por la libertad.
19 June, 2010
Solo su palabra
"Pensar es la única razón para estar vivo" José Saramago
Solo su palabra es de mariposa con el polen cual verdad esparcido sobre la tinta de su “ceguera”, sin pupila sobre su rostro donde cincelan a un “comunista hormonal".
Con la sombra inerte que se mueve en la “libertad entendida como permisividad” de una memoria selectiva donde lo más curioso, es lo más "tristemente divertido".
Clavel Rojo Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.
17 June, 2010
Woody
A Woody, el séptimo miembro de mi familia
juguetón hilo ojitos de algodón dulce ternura
travieso listón flota entre bigotes sabor a leche
garbo de luna astucia saltarina pureza suya
Clavel Rojo
Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.
15 June, 2010
El bolero de las gaviotas
Cuan pasional, es la melódica fusión entre suspiros materializados con un libídine erotismo.
Y de él, deslizar los deseos en la cascada de los heleros, como el complemento de las mareas congeladas en el tiempo.
Sublime seducción en los vapores de un aliento, con los besos derretidos que fluyen sobre el candor del hielo.
Al vuelo, las gaviotas hacen el amor, en el compás del bolero de su brío con la ventisca fugaz de sus alas, desmayadas por el ardor de su cuerpo.
Clavel Rojo
Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.
12 June, 2010
El niño de agua en forma de nube
‘Dime ¿ tú le temes a la muerte o sufres por no poder seguir viva?’
En la esquina de una nube aquellos verdes ojos preguntaron como la gaviota que se asoma por encima de la espuma de las olas.
Él, ausente entre la gente era como si creyera ser un fantasma, con el iris escarchado en un fango, en la soledad del epítome de sus pensamientos.
Mis labios se paralizaron ante aquel niño que acentuaba el silencio con su pregunta en aquella estancia. Sabía que buscaba una respuesta que fuera suficiente para comprender, y ser a su edad más valiente que cualquiera que diga llamarse adulto…
Nuestros ojos fueron hilvanados con la efeméride de un sentimiento, sin la cordura de los calendarios o la precipitación de la lluvia sobre los rostros deslavados.
No hay color que invente al cielo bajo la empatía traslúcida de una alegría, donde un niño es anciano, con la valentía que deforma su inocencia.
‘¿Logras divisar aquel árbol en el jardín en medio del follaje verde?- le pregunté con un hilo de voz prensado en una madeja de incertidumbre. Después de un denso silencio, ante su respuesta muda , le expresé que la muerte no existe, es solo una transformación bajo una concepción de vida distinta. En esa metamorfosis pasaríamos a ser aquel árbol que ofrece sombra en días soleados, seda verde que cubra los campos, agua que satisfaga la sed y alimento que colme al hambriento…
Sus manos me miraron con una neblina sobre las retinas, en una nueva esperanza que observa desde muy alto sobre la nirvana de un sueño.
Ya no hay soledad en el sufrimiento, solo un amanecer que proclama vida como el llanto del recién nacido y el beso eterno de dos enamorados.
Él se acercó a mi en una silla con ruedas debajo, tomó mi mano y con aquella solemnidad que irradia la madurez de un niño que es anciano, se presentó: -‘Hola, soy Ray y pronto seré agua que forme nubes en el cielo’ -‘Hola, soy Alejandra- le respondí con una gran sonrisa que desbordaba de mis labios- y pronto seré un clavel rojo que dance con el viento.’
Jamás olvidaré esa sonrisa, que ya era nube, cuando partió junto a sus padres. Algo había cambiado, la muerte perdía su valor y la vida en realidad era una constante transformación. Al volver a casa comprendí que en realidad, bajo la hipótesis planteada aquella mañana a ese niño, todos estábamos rodeados de vida ya pasada. Mis ojos tornaron a mis instrumentos, ahí el piano, el violín y el cello, todos de madera fueron árboles y ahora eran vida sobre los arpegios de mis dedos. ¿Cuántos Ray habrá en ellos?, ¿cuánto amor acumulado se encuentra entre las cuerdas?…
Clavel Rojo
Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.