Sentada sobre aquel viejo me encontraba. La lectura me apasiona y en ese momento era yo la princesa que aguardaba por ese solsticio de vida, uno que parecía prometer en el alba de aquella mañana.
Mirar a lo lejos hace transitar mi ánimo en esencia sublime que sin duda son observados por las hojas de aquel otoño triste.
Nadie sabía, nadie advirtió cuando comencé a llorar, cuando el meollo presiente en ese respirar de los aires fieros de Edimburgo. Donde los vientos claman historias de guerra y dolor, en cantos celtas que elevan al corazón en ese deseo de inmortalidad.
"Levántate pequeña Yoko" decían interrumpiendo mi lectura en llanto. El esfuerzo a las palabras del medio me hostigaban, ¿qué sabían ellas, que de mi se lamentaban?...
Es momento de observar a ese recuerdo de otoño, a ese clavel sobre la tierra ahora húmeda... Donde la música del exilio resonaba en mis pudores... Es vuestro padre que ha fallecido.
Clavel Rojo
© Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados

Estimada Alejandra, qué sorpresa tan grande me he llevado al ver que tienes un blog. Me corresponde a mí el honor de ser tu primer seguidor, así como de estrenar los comentarios.
ReplyDeleteMe doy cuenta de que en este texto, narrado como si de un cuento se tratara, hay una parte biográfica ineludible: el recuerdo de tu padre asociado a ese clavel rojo que siempre te acompaña. Vientos otoñales y atmósfera mágica, pues, para un relato donde hay pinceladas poéticas: "Donde la música del exilio resonaba en mis pudores". Me ha encantado el grabado del hombre-árbol y la dama.
Te seguiré leyendo. Un fuerte abrazo, amiga.
Mi querida Yoko, qué alegria me ha dado encontrarte en el blog del poeta Óscar, no he podido evitar venir a leerte y si me lo permites te agregaré a mi blog y nos estaremos leyendo.
ReplyDeleteUn beso muy muy grande.
Es un bello relato, amiga, muy bello, sensible y melancólico. Es un gusto grande leerte, como siempre, Yokito. Un beso. Ruben.
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