Al desliz del borde de su sonrisa
elocuente y triste, diáfana y ausente.
Son sus manos el escondite tras los acordes,
cuando su corazón calla al latido de silencio.
Ha sobrevivido entregado a sus pasiones,
como la plegaria vacía de un suspiro.
Son mis ojos, que no pierden detalle sobre él
tan aburrido y actuado.
Mis pensamientos han quedado cautivos,
entrecortados en el pentagrama de sus pasos.
¿Cómo conversar con el miedo que inspira?
Si de la incertidumbre ha hecho mi reflejo,
con el espejo incrustado en sus retinas cuando me mira.
Su voz emerge como una nota en mutis,
una afonía del palpitar de mis sentidos,
cuando de Ulysses escucho mi nombre, el único,
que al igual que mi padre solía nombrarme.
Clavel Rojo
Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.
Hola amigo lector
Hace muchos amaneceres que no volvía a este, mi espacio. No quería volver hasta tener algo significativo que escribir en él. Hoy quise volver a mi hogar, con Ulysses. Vecino de mis pensamientos, tan solitario como la pluma que sostiene mi mano. Un músico que ha vuelto a su hogar, os presento a Ulysses.
Hola amigo lector
Hace muchos amaneceres que no volvía a este, mi espacio. No quería volver hasta tener algo significativo que escribir en él. Hoy quise volver a mi hogar, con Ulysses. Vecino de mis pensamientos, tan solitario como la pluma que sostiene mi mano. Un músico que ha vuelto a su hogar, os presento a Ulysses.

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