01 May, 2010

La verdad que enseñó a llorar
“¿Qué prefiere; una mentira que os haga reír o una verdad, que os haga llorar?”
Eso escuché de mi padre cuando decidí conocer la verdad, desde entonces veo y entiendo diferente.
A todos los Frankenstein ocultos en el mundo


Cuando al mirar por la ventana de mis manos
percibo un dejo de recuerdo sabor a azúcar escurrir por mis labios,
es mi memoria que poda a las flores y envejece a las cigüeñas,
dejando un vació a mis ojos que inventan, en desespero, días soleados.


Presurosa doy voz a las aves dormidas con el silecio de un violín viejo
quien esclavisa en la tierra sobre la torre de Babel un secreto;
uno, que respira con el sol y empaña la apela de mi ser
sujetando a la luna para observar en los adentros de su piel.

¿Cuándo fue que al quedarme dormida la muerte asaltó sobre la cama
y ahuyentó al hombre que quiso saberse Dios, quien aterrado abandonó a su creación?

Yo, qué no daría por camuflarme en el tiempo remanente,
sin verdades desfiguradas en el filo de la espada que a la fe trastornada deforma en religión
donde las noches alucinan a los días, y éstos a la ciencia disfrazan por guerra
invidentes a la vida, cual simple y llano invento.
Clavel Rojo
Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados.

1 comment:

  1. Sobre la pregunta que formulas a la entrada del poema, yo pienso que sin mentiras no podríamos vivir. En ocasiones es preferible vivir en un engaño que conocer la cruda la realidad. Por eso tenemos el don de la fantasía.

    Sin duda, tú eres un ser diferente, pero no das miedo como el monstruo de Frankenstein (aunque el que quizás asustaba más era Víctor, el moderno Prometeo).

    Un abrazo, Alejandra.

    ReplyDelete